Agentes del Cuerpo Nacional de Policía detienen
en Bilbao a dos destacados miembros de ETA: Igor
Martínez de Osaba (implicado en el envío de las furgonetas cargadas de
explosivos interceptadas en diciembre del año pasado y antiguo miembro del
"comando Basurde") y Asier Carrera Arenzana (33
años, implicado en el atentado contra Fernando Buesa), así como a otros
dos colaboradores (Olatz Caminos Uribe e Iñigo Muerza
Santos). También se localizan cinco pisos, en uno de los cuales (situado
en Frúniz) se encuentran explosivos, armas, documentación y material
electrónico.
En Vitoria se localizó un "Renault 19" robado en
Abadiano y con placas falsas usado para transportar explosivos y destinado en
abril de ese año a ser usado como coche-bomba contra el dirigente del Partido
Popular Ramón Rabanera. El artefacto que colocaron no estalló por un fallo en
el dispositivo electrónico de iniciación.
Martínez de Osaba fue condenado en
julio de 2002 a
29 años de prisión como autor material del asesinato del subteniente retirado
Alfonso Parada en mayo de 1998.
La policía identificó a otros colaboradores de
estos etarras: Kemen Uranga Artola (concejal de EH en Ondárroa), Garikoitz
Aspiazu Rubina y Cristina Goiricelaia González (concejal de EH).
Asier Carrera fue condenado por estos hechos a 36 años de prisión, mientras que su compañero Luís Mariñelarena Garciandia lo fue a 23; Diego Ugarte a 22 años y 6 meses; Osaba lo fue a 13, mientras que Muerza a 7 y Olatz a 6. Muerza fue puesto en libertad en noviembre de 2007. Javier García Gaztelu fue condenado en 2013 a 24 años de cárcel por mandar el atentado frustrado contra Rabaneda.
.- Un potente artefacto explosivo (dos kilos y medio de dinamita y otros tantos de tornillería) es colocado oculto en una maceta
en la puerta del domicilio de San Sebastián de la periodista del diario
"El País" Aurora Intxausti y de su
marido Juan Francisco Palomo, redactor de
los informativos de "Antena 3". Un fallo en el mecanismo iniciador hizo que sólo estallara el detonador al abrir bruscamente la puerta de la casa, evitando la muerte del matrimonio y de su hijo pequeño de año y medio (Iñigo). La Ertzaintza desactivó más tarde el artefacto completamente.
Palomo ha detallado que "yo salía de casa entre las 8 y las 9 y luego mi mujer salía con nuestro hijo para llevarle a la guardería e ir a trabajar. Yo me iba antes a trabajar. Cuando salí, abrí la puerta de mi casa y al abrir la puerta, sonó lo que a mí me pareció el sonido de un petardo. Y vi que, en el suelo, en el felpudo, muy pegado a la puerta, había una maceta grande, enorme", ha señalado.
Palomo, que por su trabajo conocía a algunos responsables de la Ertzaintza, llamó inmediatamente a los agentes. "A mí me pareció que tardaron mucho, pero es mentira. Llegaron enseguida. Oí los pasos subiendo los seis pisos corriendo. Llegaron y nos metieron para atrás", ha añadido.
El atentado finalmente falló, ha sostenido un agente, porque “explotó el detonador y falló la conexión entre el detonador y el artefacto en cuestión". Pero “hubiese destrozado todo el piso" e incluso "el de al lado". "Era muchísimo explosivo. Con un kilo de explosivo vuela un coche entero. Allí había casi dos kilos y medio, más el cordón detonante, los daños hubiesen sido tremendos, y más, encima, la metralla", ha explicado.
Los entonces miembros del comando Gaua de la banda terrorista Imanol Miner Villanueva, Asier García Justo y Jon Zubiaurre y el integrante del comando Donosti Patxi Xabier Macazaga Azurmendi, los tres primeros como autores materiales y el último por dar la orden de cometerlo, reconocieron en el juicio que se celebró en 2024 que planificaron el atentado.
La Audiencia Nacional les condenó a 74 años y cuatro meses de cárcel.
Ante el tribunal, el matrimonio ha relatado lo que supuso para ellos el atentado. "Supuso que toda nuestra familia y nuestros amigos quedaran marcados. Hay amigos que llegaron a perder un hijo por escuchar la noticia en la radio. Supuso cambiar todas nuestras relaciones. Y marcar toda nuestra vida", ha asegurado Palomo.
Tras el ataque, ambos tuvieron que mudarse a Madrid porque, han relatado, la alternativa era hacer vida con cuatro escoltas. "Y no me veía yo en un parque con cuatro personas para columpiar a un niño. No era una vida sana para ningún bebé", ha reconocido Intxausti.
A raíz de su salida del País Vasco, su regreso implicaba que los edificios donde se quedaban a dormir estuvieran rodeados de agentes. "Supuso que mi mujer estuviera durante meses desmayándose varias veces al día. Mi hijo sabía lo que había que hacer para despertarla, con un año y medio. Supuso que diez años después a mi mujer le diera un año de depresión que estuvo de baja durante un año, con una depresión horrible que no se quería levantar de la cama", ha relatado Palomo.
"Mi padre que estaba enfermo del corazón y murió dos años después, en su funeral en Bilbao estuve rodeado de ertzainas y cada vez que íbamos a ver a nuestras familias al País Vasco estábamos acompañados de escoltas", ha indicado.
Intxausti ha asegurado que ese episodio no solo les marcó a ellos, sino que "cambió la de todos los periodistas del País Vasco que no estaban a favor de ETA y sus acólitos". "Porque a muchos de ellos les pusieron escolta", ha relatado. Aurora Intxausti ha señalado que cuando vio la maceta con el cable saliendo empezó a descontrolarse. "Entré en una nebulosa en la que no sabes cómo funciona el tiempo, el niño empezó a llorar por lo que cogí unos legos para entretenerle y la Ertzaintza nos dijo que nos pusiéramos en la habitación más alejada de la puerta".
La periodista ha explicado ante el tribunal que "24 años y 15 días después" sigue medicada. "He tenido tratamientos psicológicos, psiquiátricos y analgésicos con medicamentos. Cambió nuestra vida”, ha incidido.
Palomo ha indicado que, antes del ataque, se sentían, "si no amenazados, apuntados". "Por ejemplo, mi mujer, había aparecido en unos carteles que pusieron por San Sebastián con las fotografías de varios periodistas y, más veces, de grupos cercanos a ETA o de grupos que dependían directamente de ETA y, en algún libro, acusándolo también desde sectores cercanos a ETA", ha añadido.
Intxausti ha recordado cómo ETA llevó a cabo "una campaña, sobre todo cuando estaba" embarazada de su hijo. "Al ir hacia la revisión ginecológica pusieron una pintada enorme al paso de la calle por la que tenía que atravesar, que ponía Intxausti-Txakurra. Luego hubo una campaña del diario Egin, si no recuerdo mal, en la que fabularon sobre supuestas acciones que había realizado yo, que es que era todo eso, una fábula", ha lamentado.