El «ideólogo» de ETA, José Luis Álvarez Santacristina, «Txelis», que durante años fue considerado como máximo cabecilla de la banda, junto a Francisco Múgica, «Pakito», afirma en un documento junto a otros etarras, que la actividad criminal «está conociendo como nunca el desprestigio político y social. «Txelis» propone un «alto el fuego indefinido» y hace un llamamiento a otro tipo de «luchas»
En el documento, que va firmado por los etarras «Txelis», Pedro Picabea Ugalde, «Larrun»; Rosario Picabea Ugalde, «Errota»; Miguel Ángel Gil Cervera, «Kurika»; Miguel Zarrabe Elcoroibide, «Migueltxo; y José Luis Urrusolo Sistiaga, «Langile», se afirma que «las consecuencias de la lucha armada de ETA son impresionantes: asesinatos sumariales, ataques armados incontrolables que provocan en muchas ocasiones la muerte y/o heridas incurables de inocentes, secuestros duros y prolongados. Las consecuencias de los sabotajes de la lucha armada son también muy graves y frecuentemente injustificables». En este sentido, aseguran que la actitud del Gobierno no debe ocultar la responsabilidad de todos «que de una manera u otra tenemos en la amarga evolución que está conociendo en los últimos años el conflicto».
«Es el momento de reconocer la responsabilidad que tenemos y de dar los pasos firmes para que el conflicto se dirija por el camino de la humanización y-sin esperar más para buscar una vía de solución adecuada y permanente», agrega. Según «Txelis» y los otros etarras firmantes, «la lucha armada de ETA está conociendo como nunca el desprestigio político y social, que estamos viendo y escuchando en los últimos tiempos, cada vez más rechazado y condenado por la casi totalidad de nuestro pueblo». A este respecto, se afirma que mientras al Gobierno español su política antiterrorista no le ha supuesto «demasiado coste político», a la izquierda abertzale sí le ha pasado. «Aunque muchas veces los análisis oficiales de la izquierda abertzale han anunciado y confirmado la crisis del Estado y el debilitamiento del Gobierno, el Estado está cada año que pasa más seguro y estable», subrayan. «Si vamos a confesar la verdad, son muy altos o para decirlo más claramente, demasiado altos, los costes político-sociales y ético-humanos que ha ocasionado la lucha armada», añaden. «Aquí y ahora, ¿Es acaso beneficioso y necesario la lucha armada para lograr la justicia social y la libertad política del País Vasco -se preguntan los etarras- Visto el balance global de los últimos años, ¿se puede decir con convencimiento que la lucha armada ha resultado beneficiosa en el camino para la libertad del País Vasco? Estamos en que no. Aún así, to mando en cuenta la evolución político-social de los últimos años del País Vasco y del Estado Español, tenemos cada vez más claro que la lucha armada se nos está transformando en un obstáculo para lograr la unidad entre los patriotas, más aún, para retomar niveles mayores de autogobierno y para unificar la lucha en favor de la autodeterminación y llevarla adelante eficazmente».
Además, los etarras reconocen «la lucha armada no se puede conseguir por imposición y dando la espalda a la voluntad del pueblo, como si fuese una estrategia absoluta e inalterable» y que «la coyuntura internacional es totalmente inapropiada para llevar adelante la lucha armada y los pactos represivos internacionales no son de broma». En otro momento afiman que su crítica a la actividad criminal «no será aceptada por la actitud de muchos: defender la necesidad de la lucha, ¡sí! pero por si acaso muchos tranquilamente dejan ese peso en manos de otros (en manos de unos pocos». Lucha no violenta El documento alude también al creciente rechazo popular a la actividad terrorista de ETA. «Hay que entender la evidente evolución que se ha producido en la sociedad vasca, en relación a la lucha armada».
En este sentido, destaca que «cada vez un mayor número de ciudadanos más cualificados del País Vasco, están proclamando en voz alta, que se tiene que humanizar y socializar el conflicto y más aún, que tenemos que actuar en otros parámetros y que debemos dirigir y fortalecer vías de lucha no violentas». El documento propone «la urgente necesidad, sin demora, de un tiempo de distensión amplio y duradero». También reconoce que ETA ha intentado imponer sus objetivos mediante el chantaje de sus actos terroristas, pero, admite, «la actual lucha contra el Estado no se puede plantear dentro de parámetros político-militares, porque la correlación de fuerzas es totalmente desproporcionada».
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